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sábado, noviembre 18, 2006

Viento del este

Por Ramon G. Avello

Información Recopilada de ElComercioDigital:

http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20061118...

La Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Monnaie, de Bruselas, no es sólo una gran orquesta, sino también una caja de sorpresas y entusiasmos. Es grande, además de por el nombre, por el número de sus componentes, con una cuerda grave, violonchelos y contrabajos, de enorme contundencia, por la calidad sonora. Dirigida por Kazushi Ono, nos ofreció un concierto memorable. Imaginemos la precisión del mejor reloj japonés, una sensibilidad para el detalle aislado, también nipona, un gusto sensual por el matiz de ascendencia francófona, un motor contundentemente alemán y una sensibilidad exasperadamente expresionista rusa. Sumemos todo y obtendremos las cualidades del director japonés. Al frente de la orquesta, interpretó en la primera parte un Debussy y Ravel sugerente, hipnotizante en el caso del 'Bolero', (18 minutos justos, como mandan los cánones) y, en la segunda parte, una 'Quinta' de Shostakovich.

Tras el sereno 'Preludio ...', de Debussy, llevado con una sugerente languidez sobre fraseos muy fluidos y cadenciosos de los instrumentos de viento -excepcional el arranque de la flauta- llegó la primera sorpresa de la noche. 'Le Valse', de Ravel. Una versión que nos llevó desde una imagen nebulosa inicial niebla al paroxismo enloquecido, pasando por calidoscopio de colores y matices. Versión de una fuerza arrebatadora, y al mismo tiempo de una frágil delicadeza. Le siguió una modélica versión del famoso 'Bolero'.

En la segunda parte, Kazushi Ono dirigió de memoria la densa 'Quinta', de Shostakovich. Una obra ambigua, que bajo una intencionalidad de congraciarse con el poder soviético, esconde una idea de angustia, de terror y al mismo tiempo de burla e ironía, manifestada en la banalidad 'victoriosa' del final.

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